Este fin de semana he estado de comvivencia, siempre nos han dicho que esta convivencia nos sirve para recargar las pilas para poder llegar hasta el próximo año y que no nos pase como a las amigas de la novia de la parábola de las 10 virgenes, que se quedaron sin aceite justo cuando llegó el novio y no pudieron pasar al banquete. Dentro de la convivencia, me han hecho reflexionar sobre los frutos que he dado, sobre la evangelización y algo que en particular me ha hecho pensar mucho, que es que tengo una labor especial, que tengo unas personas a mi alrededor a las que tengo que dar la luz de Cristo para que yo pueda dar mis frutos, y la verdad es que eso me ha asustado, porque muchas veces pienso si realmente yo, con todos mis defectos, puedo ser luz para alguien, porque aunque parezca fácil, la verdad es que no lo es, porque vivimos en una sociedad laica, que esta en contra de cualquier cosa que provenga de la Iglesia, y eso hace muy dificil el poder evangelizar, porque no te oyen, se burlan y te critican sin más.
Se a ciencia cierta, que eso es lo mínimo que puede pasar, puesto a Cristo lo crucificaron por evangelizar, y a mi no van a llegar a eso ni por asomo, pero aun así se hace dificil ser luz para los que me rodean, porque hay veces que no soy capaz ni de dar luz para mi mismo.
Al final del fin de semana y habíendome repetido que este es el año de la fe y que para que la fe brote hay que regarla, se que la Iglesia y Cristo me han dado una misión para este año, evangelizar siendo luz para los demás, una misión que tengo la ilusión de llevar a cabo por todos los medios posible y la ivangelización es uno de ellos.


